Ella y el Saxo
En la sombra de un oscuro bar estaba sentado un músico tocando el saxofón. Ropas gastadas, ojeras oscuras producto del trasnocho, un vaso de whisky barato encima de la madera y tocaba una melodía triste. El lugar estaba casi vacío y en la barra solo atendía una mujer con mirada distante, esperaba que pasara el tiempo rápido para poder ir a casa y tal vez tener un encuentro fortuito con su amante de turno el cual le hiciera olvidar el tedio del bar... cada noche lo mismo, las mismas melodías tristes que salían del viejo saxo y de las manos de aquel hombre con el alma arrugada- ¿Por qué aun lo tenían ahí?, ¿no bastaba ya con haberle dado de comer durante más de dos años?, el bar se estaba derrumbando en todo sentido, hasta el local parecía ya haberse agrietado.
Aquella madrugada cuando ya disponían casi a cerrar, atravesó la puerta una mujer de cara preciosa, cabello rojo y ondulado hasta un poco más abajo de los hombros. Flaca, esbelta y caminaba como una modelo de esas que buscan no caminar como una modelo. Atravesó el bar hasta llegar a la barra mientras el hombre sentado la miraba sin dejar de tocar su triste, oscura y melancólica melodía en el saxofón.
Ella, trucada tal vez por la noche y por la historia que traía a sus espaldas lo miró mientras tomaba el primer sorbo del Martini. Lo miro durante un buen rato, el hombre del Saxo cambio de actitud, ella era ahora su público y sin lograrlo trato de meter más alma en las notas que soplaba, la pajilla del instrumento ya estaba algo gastada y por ende el sonido era más ronco y difuso, pero el luchaba para tratar de sonar bien. Ella solo sonreía. El solo pensaba.
Cuando ella se acerco, lo primero que el percibió fue un olor muy agradable, tal vez un perfume fino, o barato, que iba a saber el de perfumes, pero ella se veía de clase, no del tipo de mujeres que usualmente andan en la madrugada solitarias por los bares. Se acerco pero no demasiado, guardaba la distancia, se sentó sola a dos mesas de distancia y abrió los ojos como diciéndole que tocara mas, que lo estaba escuchando, y eso hizo, soplo su tristeza a través del metal, soplo su sueño de tal vez tenerla solo por esa noche, aunque sabía que no era para él.
Mientras tocaba, se le acerco en sus sueños, la acaricio con sus notas, le dio uno y mil besos, le quito su ropa, la olió, la miro fijamente a los ojos y le hizo el amor, solo y tan solo con una melodía rancia sacada de sus pulmones fumados y su alma vieja.
Cuando termino, ella también terminó su Martini, se levanto de la mesa dejando un billete en ella y un papel. Sin decir nada atravesó de nuevo el bar y salió por la puerta perdiéndose en la noche, efímera, como llegó. Al levantarse el hombre del saxo tomó el papel de la mesa y en él solo había una palabra - "gracias", nada más.
En la oscuridad de aquel bar agrietado por las ganas, toca ese hombre, esperando a que vuelva.
la ilustración es de http://www.doctajazz.com.ar
